Sería una tremenda estulticia comparar el trabajo de Dickens con el de Einstein, por ejemplo, o enfrentar a Cervantes contra Nicolás Monardes. A menudo, aquellos que decidimos entregarnos a las letras o al arte recibimos toda clase de desprecios e insultos por parte de quienes decidieron quedarse en el lado oscuro, el de las insufribles matemáticas o la enrevesada física entre otras fuerzas del mal. Como estudiante de artes cuya pasión desde siempre ha sido la escritura, estoy cansada de lidiar con la constante soberbia y la ofuscada preeminencia de aquellos dedicados a las ciencias o que por lo menos hacen el amago.
No logro comprender cómo esperan que reaccione cuando me dicen a la cara que el trabajo por el que me desvivo día a día y pongo todo mi empeño en él, es propio de un niño de parvulario o no merece el mismo mérito o reconocimiento que el despeje de la “X” en una ecuación cualquiera.
Existe una diferencia crucial entre estas personas que desvalorizan mis estudios y, por ende, mis sueños y los que sentimos ese amor especial por las letras: Mis más sinceras enhorabuenas por saber determinar la verdadera magnitud de la distancia entre las rectas paralelas r y s, pero a mí, otorgarme un par de horas decoradas con un sepulcral silencio y únicamente necesitaré una hoja de papel, un boli y las veintisiete letras del abecedario para traer a la vida a excéntricos personajes, para viajar a las catacumbas de Paris o crear desde cero un mundo completamente inventado con su propio sistema monetario si es necesario. O por el contrario, regálale a mi amigo Juan un triste trozo de carbón que él se encargará de dibujar en cualquier superficie una hermosísima y original obra de arte. Para lograr esto, se requiere de creatividad, a la cual es imposible de llegar mediante fórmulas o cálculos, la creatividad es algo más que lógica, me atrevería incluso a afirmar que es un don.
Es un pensamiento vano el creer que los números están por encima de las letras. Aún así, hay muchos incrédulos que siguen manteniéndolo. ¿Cómo sería un mundo únicamente logístico, guiado por la razón sin arte? La respuesta es sencilla: Sería inútil. El arte, de cualquier tipo, es el que nos recuerda de alguna forma que la belleza va más allá de lo que alcanzan a ver nuestros ojos, nos recuerda que estamos vivos. Y, por último, citando a Charles Bukowski, crear arte significa estar solo y loco, loco para siempre.
Paola Rubio Melo. “El arte de no hacer nada” 9/02/2023.
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